Depués de la meditación 7 Mayo, 2017 – Posted in: Blog, Texto

“Aquella estación del retiro, el grupo del Buda permanecía en unas colinas próximas a la ciudad de Ekamala, al sur de Rajagaha. Una tarde, los monjes pasaban cerca de unos campos de arroz, a las afueras de Ekamala, cuando un rico granjero de noble casta, llamado Bharadvaja y propietario de varios de miles de acres, les paró. Era la estación en la que araban lasa tierras. Bharadvaja dirigía el trabajo de cientos de peones, cuando vio pasar al Buda. El rico granjero se le puso delante y dijo con cierto desdén, “somos agricultores. Aramos, sembramos la simiente, fertilizamos y cuidamos el cultivo. Después, recogemos la cosecha para poder comer. Vosotros sin embargo, no hacéis nada, no producís nada y, a pesar de ello, coméis. Sois unos inútiles. No aráis ni sembráis ni fertilizáis ni cuidáis el cultivo ni recogéis la cosecha”.
El Buda respondió: “Sí que lo hacemos. Nosotros aramos, sembramos, fertilizamos, cuidamos de los campos y cosechamos”.
“Entonces, ¿dónde están vuestros arados, dónde vuestros búfalos y vuestras semillas?¿Qué es lo que cosecháis?”.
El Buda respondió: “Sembramos las semillas de la fe en la tierra de un corazón sincero. Nuestro arado es la atención, nuestro búfalo la práctica diligente y nuestra cosecha el amor y la comprensión. Señor, sin fe, sin comprensión y sin amor, la vida no sería más que sufrimiento.

Thich Nhat Hanh
Del libro “Camino viejo, nubes blancas”

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